¿Escapó Hitler de Berlín?

Berlín, abril de 1945. En las calles de Berlín se libra una encarnizada batalla. Hitler (Bruno Ganz) y sus fieles se han atrincherado en un búnker. Entre ellos se encuentra Traudl Junge (Alexandra Maria Lara), la secretaria personal del Führer. En el exterior, la situación se recrudece. A pesar de que Berlín ya no puede resistir más, Hitler se niega a abandonar la ciudad y, acompañado de Eva Braun (Juliane Köhler), prepara su despedida.

La historia oficial asegura que el dictador nazi se suicidó junto a su esposa, en el bunker subterráneo de la cancillería de Berlín, cercado por el Ejército Rojo.
“Hitler está vivo, escapó a España o Argentina”.
La frase fue lanzada, sin dudar, por Stalin para responder a una pregunta de James Byrnes, secretario de Estado norteamericano, durante la conferencia de Potsdam, el 17 de julio de 1945. El dictador soviético acusaba a los aliados occidentales de ser cómplices de la huida del líder nazi.
Stalin pasó años buscando el cadáver porque nunca creyó la versión del suicidio. Se analizaron miles de cadáveres descompuestos, con ayuda del dentista personal de Hitler.
La historia sobre los últimos días de Adolf Hitler es bien conocida por la versión que dieron historiadores como Hugh Trevor-Roper, Joachim Fest, Robert Payne, James O’Donnell, Alan Bullock, Sebastian Haffner, Anton Joachimsthaler, Michael Musmanno y Arnold Toynbee, entre otros.
TODOS, sin excepción, continúan sus estudios siguiendo la línea marcada por Los últimos días de Hitler, escrito por Hugh Trevor-Roper.

Cursó estudios clásicos e historia moderna en Charterhouse School y Christ Church, Oxford. Incómodo con la Filología, se centró en la Historia. Su primera obra fue la innovadora biografía del arzobispo William Laud (1940). Perteneció a la Inteligencia Militar británica durante la Segunda Guerra Mundial.
En 1945 recibió el encargo gubernamental de investigar la muerte Adolf Hitler, para rebatir las insinuaciones soviéticas de que aún estaba vivo bajo la protección de los aliados occidentales. Resultado de esa investigación fue su libro Los últimos días de Hitler (1947). Asentó su autoridad en el tema del Tercer Reich en obras posteriores como Hitler’s Table Talk (1953) y The Goebbels Diaries (1978).
Tras la muerte de Stalin, en 1953, los rusos informaron que sí tenían restos del Führer y que habían sido debidamente identificados. Los puentes dentales habían sido la prueba clave para concluir que era Hitler.
Luego, los cadáveres de Hitler, su esposa y los de la familia Goebbels fueron enterrados bajo un cuartel de Magdeburgo.
En 1970 todos los cuerpos fueron exhumados y fueron incinerados y las cenizas arrojadas al mar. (salvo un pedazo de cráneo de Hitler).En los 90, los rusos exhibieron por primera vez lo que se suponía era el último vestigio del esqueleto de Hitler. Decían que era una prueba concluyente, que acallaría los rumores…

Un grupo de expertos de la Universidad de Connecticut ha demuestrado que el fragmento de cráneo que se atribuía al Führer perteneció en realidad a una mujer de 40 años.
¿Dónde estaba el cuerpo?
¿Escapó Hitler de Berlín?
El cadáver de Hitler nunca se encontró y no hay ninguna prueba concluyente de que muriera en Berlín.
Según el historiador especializado en nazismo, Carlos de Napoli, la falta de evidencias sobre los últimos días de Hitler en Berlín solo se puede explicar de una forma: que este último no estuvo allí durante la caída del Tercer Reich.
Hitler, un hombre sumamente inteligente, podría haber orquestado un gran montaje sobre su muerte, si así lo hubiera deseado. Al fin y al cabo, era el Führer de Alemania y tenía todos los medios y recursos a su alcance para hacerlo. Por eso, de haber efectivamente escapado, es verosímil que creara un mito sobre su destino, con el fin de evitar que nadie pretendiera buscarle.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se han presentado al público varias fotografías del supuesto “cadáver de Hitler”; en algunas aparece quemado y en otras sin lesiones aparentes. Resulta bastante raro y contradictorio el hecho de que algunas de las imagenes hayan sido fotografiadas, según la versión oficial, por los mismos alemanes que, según esta versión oficial, intentaban hacer desaparecer el cuerpo del Führer para esconder su muerte. ¿Se trataba de dejar “pruebas” falsas que hicieran creer en la muerte de Hitler en Berlín?
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, aparecieron muchas informaciones, a veces contradictorias, sobre el destino de Hitler. Algunos periódicos publicaron cosas tan dispares como que Hitler estaba escondido en un monasterio de budistas tibetanos, que había huído a España o que utilizó un submarino para llegar a Suramérica o a la Antártida, Incluso hay quien lo ubica en la luna… (China libera fotografías de bases en la luna )

A finales de la Segunda Guerra Mundial un grupo de científicos nazis lanzaron un cohete en dirección a la cara oculta de la Luna. Una vez allí, establecieron un campamento secreto que les permitió recomponerse y formar un nuevo ejercito. 2018 es el año que han escogido para regresar a la Tierra, con una misión muy clara: dominar, de una vez por todas, a la Humanidad. La amenaza de un posible IV Reich todavía pervive en el subconsciente colectivo, y Timo Vuorensola ha decidido convertirla en materia prima de una comedia paródica y descacharrante. Creada por el equipo que realizó “Star Wreck: In the Pirkinning”. COMEDIA
Las contradicciones, las versiones cruzadas, la falta de pruebas tangibles abonaron el terreno para que se generara una línea de investigación paralela, que rechazó la versión oficial y buscó saber qué había realmente detrás de la muerte de Hitler.
El húngaro-argentino Ladislao Szabo lanzó la primera piedra en 1947, con su libro Hitler está vivo, que sostenía que el líder del Tercer Reich había logrado escapar de Europa en submarino. Varios recogieron el guante y siguieron las pistas con el correr de los años. Jeff Kristenssen (seudónimo del capitán Manuel Monasterio) o el italiano Patrick Burnside fueron algunos de ellos. En los últimos años, profundizaron la investigación dos británicos, Simon Dunstan y Gerrard Williams, con Lobo Gris y un argentino, Abel Basti, con El exilio de Hitler y otras publicaciones.

Los acuerdos de los nazis con los Estados Unidos y los sionistas, y los rastros en la Argentina del jefe del Tercer Reich.En este libro Abel Basti lleva al límite su combate contra la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial. El autor empieza preguntándose: ¿Es posible que la historia del siglo XX haya sido muy diferen te a la versión que nos enseñaron durante años? ¿Y si los sectores que creíamos enemigos ideológicos -y que terminaron peleando en el campo de batalla- en realidad no eran tal cosa?Basti corre el velo de un pacto nazisionista mediante el cual se sentaron las bases del Estado judío, hecho que habrían de reconocer los dirigentes que trabajaron para fundar Israel. Hitler además pactó con Stalin, en el inicio de la Segunda Guerra: ambos trabajaron juntos para repartirse una parte de Europa y sus países mantuvieron fructíferas relaciones comerciales. Y, cuando terminaba el conflicto, el Führer suponegociar su inmunidad y la de su entorno con militares norteamericanos.¿A cambio de qué? Esta es la gran pregunta y la respuesta resulta sorprendente. Una fantástica serie de revelaciones que, como no podía ser de otra manera, termina con Adolf Hitler refugiado en la Argentina
Basti, consideró que el suicidio del líder del Tercer Reich en su búnker de Berlín fue una “gran puesta en escena” de los alemanes. “Los alemanes dejaron cadáveres en los búnkers con credenciales de sus jerarcas para que el mundo creyera que se trataba de ellos. Incluso se utilizaron varios dobles de Hitler”, indicó.
los llamados “Doppelgänger” ???
Dunstan y Williams afirman que el que aparece en la última filmación conocida de Hitler no es él, sino Gustav Weber, uno de sus dobles. La cinta fue grabada el 20 de marzo de 1945 y se ve a Hitler -o a su doble- junto a Artur Axmann, líder de las juventudes hitlerianas, entregando medallas a los niños-soldados que defendían las ruinas del Tercer Reich. Para llegar a esta conclusión, los autores de Lobo Gris recurrieron a análisis faciales de un destacado experto británico que trabaja con la policía científica. Luego del escape de Hitler del bunker, el desafortunado Weber recibió un disparo y fue “plantado” como el cadáver de Hitler.

Un equipo de expertos capitaneado por Bob Baer cuestiona el suicidio del dirigente nazi y de Eva Braun, tras acceder a documentos desclasificados del FBI
“..Hitler escapó vía aérea a Austria y luego a Barcelona. La última etapa fue en submarino, desde Vigo, con rumbo directo al litoral de la Patagonia. Finalmente, Hitler y Eva Braun, en un coche con chófer y guardaespaldas –una caravana de por lo menos tres automóviles– se trasladaron hasta Bariloche. Allí se refugiaron en la estancia San Ramón, a unos 15 kilómetros al este de ese pueblo. Se trata de una estancia de 100.000 hectáreas, con costa en el lago Nahuel Huapi, que estuvo en manos de alemanes desde principios del siglo XX, época en que pertenecía a un principado alemán, el de Schamburg-Lippe..”
El Führer no murió en Argentina, sino que, tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en la llamada Revolución Libertadora (1955), escapa a Paraguay -al igual que otros nazis- adoptando el seudónimo de Kurt Bruno Kirchner.
Por su parte el historiador Patrick Burnside sostiene en su libro “El escape de Hitler”, que tras un paso por la estancia San Ramón, el Führer se instaló de manera secreta en lo que hoy se conoce como la mansión Inalco, una asombrosa propiedad a la que se llega por el brazo Ultima Esperanza del Lago Nahuel Huapi (Bariloche), que junto a varias hectáreas habría sido comprada por alemanes al arquitecto Alejandro Bustillo (conocido por haber construido inmuebles para la colonia alemana en la zona).
Almirante Dönitz, que estaba al mando de la flota de submarinos del Tercer Reich, había declarado durante la guerra lleno de orgullo:
“Die deutsche U-Boot Flotte ist stolz darauf, daß sie für den Führer in einem anderen Teil der Welt ein Shangri-La gebaut hat, eine uneinnehmbare Festung“, cuya traducción fiel es: “La flota alemana de submarinos está orgullosa de haber construido para el Führer, en otra parte del mundo, un Shangri-La, una fortaleza inexpugnable”.
La Antártica es cuatro veces mas grande que los Estados Unidos, tiene el continente mas cercano que es Sudamérica (La tierra de Fuego) a 3000 Km., su altitud máxima es de 5.000 metros (la mayor del planeta) es el mas antiguo continente compuesto en su mayoría de altas montañas recubiertas de hielo y grandes lagos interiores, es fácil esconder una base sin ser descubierta jamás y mas aun si es subterránea fuera del alcance de los satélites espía, además de que la Antártica hoy en día solo ha sido explorada una mínima parte.
En 1952, Dwight D. Eisenhower dijo:
“Nosotros no hemos podido sacar ni siquiera una pizca de evidencia tangible sobre la muerte de Hitler. Mucha gente cree que Hitler se escapó de Berlín.”
El Teniente General Bedell Smith, Jefe de Personal del General Eisenhower en la invasión europea y después Director de la CIA, dijo públicamente el 12 de Octubre de 1945:
“Ningún ser humano puede decir conclusivamente que Hitler esté muerto.”
Coronel W. J. Heimlich, ex jefe de la Inteligencia de Estados Unidos en Berlín, y que estaba encargado en la investigación para determinar que había pasado con Hitler y como reporte final dijo:
“No hay más evidencia que las habladurías para sostener la teoría del suicidio de Hitler.”
¿En verdad murió el 30 de abril de 1945?
No hay nada que confirme la muerte de Adolfo Hitler
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