Experimentos con humanos

En la década de 1950, Israel fue sacudido por oleadas de nuevos inmigrantes.

Para consternación de los líderes ashkenazíes del país (judíos originarios de Europa y EEUU), la gran mayoría procedía de países árabes.

Levi Eshkol, que fue posteriormente primer ministro, expresó un sentimiento común cuando los llamó “escoria humana”.

Privada de judíos de “buena calidad”, Israel se vio obligada a traer a sus costas a árabes judíos, que eran vistos como primitivos y sucios, al igual que los palestinos a los que Israel había sometido recientemente con gran éxito a una operación de limpieza étnica.

En esta atmósfera profundamente racista, nos encontramos con el Dr. Chaim Sheba, un eugenista que creía que los judíos árabes traían con ellos enfermedades que amenazaban a los judíos ashkenazíes. Su obsesión era la tiña, una enfermedad inocua infantil que afecta al cuero cabelludo.

“Fue un Holocausto, un Holocausto de sefarditas.
Y lo que yo quiero saber es por qué nadie se puso de pie para detenerlo”.

“Todo lo que yo quería saber era que fue lo que ellos me hicieron.
Quise saber quién lo autorizó.
Quise rastrear la cadena de ordenes.
Pero en el Ministerio de Salud se me dijo que mis archivos estaban extraviados.”

La Jornada: Experimentos con humanos

Exhibiendo una fotografía, la señora comenta frente a la cámara: Antes del experimento, tenía una cabellera tupida. Ésta era yo antes de mi tratamiento. La señora se quita el sombrero: Ahora, míreme. Salpicada con manchas de calvicie, la tintura roja apenas disimula las horribles cicatrices que cruzan su cabeza.

Otra señora, con la cara torcida, comenta: Mis tres niños tienen los mismos cánceres que afectaron a toda mi familia: ¿va a decirme usted que esto es sólo una coincidencia? Una enfermera explica el tratamiento a los niños más pequeños: Primero, sus cabezas fueron rasuradas y untadas con un gel que les ardía. Luego se les puso una pelota entre las piernas, y se les pidió que no la dejaran caer, para que no se movieran.

Los niños no fueron protegidos en el resto del cuerpo.

Para ellos no había trajes de plomo.

En Israel, las normas para irradiar a un niño con rayos X, eran de 0.5 rad. Pero como los escogidos no eran niños normales, fueron irradiados con una dosis 35 mil veces mayor.

No se cometió un error.

Los niños fueron envenenados deliberadamente.

Un sobreviviente recuerda:

Yo estaba en clases cuando hombres vestidos de civil vinieron para llevarnos a una gira. Preguntaron nuestros nombres.

Los niños ashkenazis (judíos de Europa central emigrados a Israel) fueron devueltos a sus asientos. Sólo los niños morenos (sefardíes de Marruecos y Yemen) fueron subidos al autobús.

Para engañar a los padres, el Ministerio de Salud les informó que las irradiaciones eran para tratar el ringworm (hongo parecido al herpes) en el cuero cabelludo. Sin embargo, después de recibir las dosis murieron cerca de seis mil niños, en tanto los restantes fallecieron poco a poco con padecimientos de epilepsia, amnesia, alzheimer, migraña, sicosis y distintos tipos de cáncer.

Basado en las investigaciones del escritor israelí canadiense Barry Chamish (1952), el documental 100 mil radiaciones (Dudi Bergman, Simona Producciones, 2003) fue dirigido por Asher Khamias y David Balrosen y se transmitió por el Canal 10 de Tel Aviv, a las 9 pm del 14 de agosto de 2004.

La primera parte del programa concluyó con un debate en el que participaron David Edri (cantautor marroquí y cabeza del comité de compensación para las víctimas de ringworm rayos X), Boaz Lev (vocero del Ministerio de Salud) y el periodista Dan Margalit, moderador.

Edri investigó el secuestro de unos 4 mil 500 niños yemenitas durante los primeros años de la entidad sionista. En el panel manifestó la frustración que sintió al solicitar los archivos médicos de su niñez. Indulgente, el ministro Le aclaró: casi todos los archivos se quemaron en un incendio.

El artista consiguió reunirse con el líder del Movimiento de los Niños Yemenitas, rabino Uzi Meshulum (encarcelado ocho años por intentar llegar a la verdad, y sometido a torturas de las que aún no se ha recuperado), y con el rabino de Jerusalén David Sevilla, quien corroboró el crimen y pudo ver las fotografías de las cicatrices en los pocos niños que sobrevivieron.

En el documental aparece un historiador que primero dicta una plática breve sobre el llamado movimiento eugenésico y luego, con mordacidad, reconoce que la operación ringworm fue un programa oficial de eugenesia que apuntaba a “…desyerbar las semillas débiles” percibidas en la nueva sociedad israelí.

Autorizada en 1951 por el gabinete liderado por David Ben Gurion, la operación ringworm fue sugerida por el gobierno de Estados Unidos, jaqueado entonces por la ley que a finales del decenio de 1940 puso fin a los experimentos de radiación humana en presos comunes y enfermos mentales.

Estados Unidos experimentó en secreto con su propia gente  Red Voltaire

Este era el gabinete gubernamental en el momento de las atrocidades del ringworm:

Primer ministro – David Ben Gurión
Ministro de Finanzas – Eliezer Kaplan
Ministro de Asentamientos – Levi Eshkol
Ministro del Exterior – Moshe Sharrett
Ministro de Salud – Yosef Burg
Ministro del Trabajo – Golda Meir
Ministro del Interior – Amos Ben Gurion
El puesto más importante que no estaba en el gabinete perteneció al director general del Ministerio de la Defensa, Shimon Peres.

Que un programa que involucra el equivalente amiles de millones de dólares de los fondos del gobierno de EEUU fuera desconocido para el primer ministro de un Israel con dificultades financieras es ridículo. Ben Gurion estaba involucrado en los horrores e indudablemente escogió a su hijo para estar a cargo de la policía -ministro de Policía- en caso de que cualquiera interfiriera con ellos.

El programa atómico norteamericano necesitaba una nueva fuente de cobayos humanos y, a cambio de dinero y secretos nucleares, el gobierno de Israel se los proporcionó.

Durante años, Washington pagó al gobierno de Tel Aviv 300 millones de liras israelitas destinadas al programa nuclear, cuyo director era el ministro de la Defensa Shimon Peres, líder del Partido Laborista y actual presidente de Israel.

Chaim Sheba (1908-71), el médico con el grado más alto en el ejército de Israel (1948-51), realizó en 1951 un viaje especial a Washington, donde el Pentágono le proporcionó siete máquinas de rayos X. Con estos aparatos, el doctor Sheba realizó el experimento sobre una generación completa de jóvenes judíos sefarditas. En 1968, Sheba recibió el gran premio Israel. Su nombre encabeza hoy un importante centro médico.

En el panel, el moderador Dan Margali justificó los experimentos: El Estado era pobre. Era una cuestión de sobrevivencia día a día. Al día siguiente, ningún periódico habló del programa. Las miles de personas que alcanzaron a verlo (pues salió al aire al mismo tiempo que Ha nacido una estrella, el show más visto en Israel), continúan esperando la segunda parte del documental 100 mil radiaciones.

 

El documental, está dividido en cinco partes de diez minutos:

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Un comentario en “Experimentos con humanos

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