“La historia no se repite, pero rima”.

En 1970 el poeta Robert Colombo atribuyó a Mark Twain una frase que probablemente este nunca escribió:

“La historia no se repite, pero rima”.

El aforismo es brillante, pues aunque no haya dos acontecimientos históricos iguales sí es cierto que procesos políticos, económicos o sociales, ocurridos en diversos países o épocas y en entornos muy diferentes, pueden reunir ciertas semejanzas.

Hace casi 100 años en España, el agotamiento de un ciclo de más de tres décadas de alternancia de dos partidos en el gobierno provocó la sucesión de tres convocatorias electorales en tres años.

Este podría ser un buen ejemplo de rima o resonancia, pues una cascada tal de comicios entra ahora en lo posible.

 

tres comicios consecutivos entre 1918 y 1920

En 1918 Ese sistema de turno de partidos fecundado durante la Restauración borbónica, que mermaba la representación, impedía el control al Gobierno y amparaba la corrupción vertebrada en cada región a través de los caciques, empezaba a desmoronarse.

En medio de esta crisis multifactorial, el rey Alfonso XIII destituyó a Dato y concordó un Gobierno de concentración integrado por políticos de varios sectores liberales, mauristas (seguidores de Antonio Maura) o catalanistas, para intentar conceder más peso político a otras fuerzas fuera del duopolio detentado por liberales y conservadores.

A pie de calle el malestar también era profuso. La inflación, el desempleo, la conflictividad social y la escasez de alimentos, condujeron a una huelga general pidiendo el cambio de régimen político. Además, el auge del anarquismo y las apetencias nacionalistas en Cataluña, devinieron en atentados y aparatosos disturbios.

El desacuerdo era insalvable y resultó imposible formar un Gobierno sólido.

Alfonso XIII decidió amenazar a los partidos con su abdicación si no se llegaban a consenso.

De ahí salió un nuevo Ejecutivo de coalición presidido por el experimentado Antonio Maura, sin embargo, las disputas eran constantes y no se lograba la estabilidad.

La maniobra funcionó, pero solo un tiempo.
1919 con una situación parlamentaria insostenible, se convocaron nuevas elecciones

Los conservadores eran mayoría en el Parlamento, pero no forjaron una alianza para gobernar. Meses después el rey le cedió a Dato el decreto de disolución de Cortes

1920 volvieron a celebrarse elecciones.

Las elecciones estuvieron marcadas por la debilidad extrema del sistema político y la gran conflictividad social debido a la Guerra del Rif y los disturbios en Barcelona.

aporlasterceras

 

Aunque el Partido Conservador venció y obtuvo casi el doble de los escaños, sus diputados no llegaban a cubrir la mitad del hemiciclo. Con esa pírrica mayoría, Eduardo Dato se mantuvo al frente del Gobierno de la Nación hasta que fue asesinado un año más tarde.

La convulsión política de este trienio, fue la consecuencia a la que los partidos, acostumbrados a la comodidad del endémico turnismo, se tuvieron que enfrentar, iniciándose una etapa donde el diálogo y los pactos serían ya habituales.

1922, las diferentes posiciones en el debate sobre las responsabilidades políticas contraídas por el desastre de Annual —una debacle militar en Marruecos que se saldó con más de 10.000 muertos en agosto de 1921—hicieron imposible la continuidad de las Cortes conservadoras, y Alfonso XIII, cada vez más escorado hacia posiciones autoritarias, adoptó una decisión que hubiera deseado evitar: entregar el gobierno a la izquierda dinástica.

A estas alturas, los diferentes partidos de la izquierda dinástica también habían aprendido la lección: si querían gobernar debían presentarse unidos en una coalición que gozara de suficiente respaldo parlamentario.

Coalición que incluyó a los viejos republicanos del Partido Reformista. Eso sí, para que los reformistas se sumaran al gobierno fue preciso que renunciaran a la vena radical que les había llevado a respaldar la huelga general revolucionaria de agosto de 1917.

No podían estar a la vez dentro y fuera del sistema.

 

espaa-dcada-de-1920-5-728El golpe de Primo de Rivera

No sabemos cuánto hubiera podido sobrevivir aquella coalición de izquierdas porque el 13 de septiembre el general Miguel Primo de Rivera encabezó un golpe de Estado, que fue respaldado por el rey. Desaparecía así un sistema político al que no cabía calificar como democrático, pero cuyo Parlamento había cobrado un protagonismo creciente, y comenzaba la primera dictadura militar española del siglo XX.

Durante los años previos al golpe aquel sistema había evolucionado considerablemente. El bipartidismo dio paso a un modelo pluripartidista y la resistencia de los dos grandes partidos —sobre todo del conservador— a aceptar el cambio provocó la rápida sucesión de tres convocatorias electorales.

http://cadenaser.com/ser/2016/08/23/politica/1471941226_924942.html

http://www.historiasiglo20.org/HE/12a-2.htm

https://www.ahorasemanal.es/la-primera-muerte-del-bipartidismo-en-espana

 

 

y llego el 36…

1936heraldo

 

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