Niños robados e invisibles, pisar tierra Española no les garantiza la seguridad necesaria.

 “Hace poco en Puente Genil encontramos a siete menores en casa de una ‘madame’. Uno murió víctima de malos tratos. Nadie tenía controlados a esos niños”.

De este modo ilustra Rosa Flores, responsable de programas de Cruz Roja contra la Trata, la situación de los niños refugiados en España.

Muchos se ven empujados a abandonar su país una vez sus padres han muerto en la guerra, otros pierden a sus familias en el camino hacia Europa. Pero pisar tierra española no les garantiza la seguridad necesaria.

“Es habitual que los encontremos en pisos-guardería montados por mafias de tráfico humano, y hasta en casas de pederastas”, añade Flores.

 Europol estima en 10.000 los menores refugiados desaparecidos en Europa. Cruz Roja ha hecho lo propio con España: solo en 2015 se han contado 113 en paradero desconocido. Este dato supone que entraron en territorio español, fueron identificados y después no se supo nada más de ellos.

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España pierde el rastro sistemáticamente  de  menores migrantes vía @desalambre

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“Son niños que han sido registrados en la frontera española pero desconocemos su paradero, se han perdido. ¿Por qué no los encontramos? Están en manos de las mafias que van a la caza de personas. Yo lo digo claro:NOS LOS ROBAN. LA SITUACIÓN SE NOS HA IDO DE LAS MANOS.”

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Denuncia Pilar Casas, directora de la Fundación Amaranta, centrada en la trata de personas. Y matiza una cuestión: en su periplo migratorio, los refugiados se encuentran con los inmigrantes, lo que supone un caos que termina repercutiendo en la gestión que se hace de su entrada en España.

Así, cuando hablamos de menores desaparecidos en nuestro territorio, nos referimos a refugiados y también de inmigrantes. Casas ilustra la situación:

“Hace dos meses escasos en Granada desapareció una mujer con sus dos hijos. Llevaba un tiempo en una casa de acogida en la que le dábamos atención integral. Recuerdo que aquella mañana había estado como siempre: contenta, tranquila y charlatana. Y como cada día, se fue a la guardería a buscar a sus niños. Era tan estupenda que la dejábamos ir sola, no la acompañábamos a ningún sitio. Pero aquel día no volvió. ¡Nos la robaron!”, exclama Casas.

La cuestión es compleja. De 2006 a 2013, los niños inmigrantes que llegaban a España no eran sometidos a ningún tipo de análisis. En lenguaje técnico: no se les hacía ‘reseña’.

No se registraba su edad, su nacionalidad o su sexo. Ni una foto ni una huella ni una muestra de ADN. De este modo, cualquiera podía llegar con un niño y decir que era suyo.

“Había pequeños que entraban y salían de forma sistemática, porque los usaban más de una vez para acceder al país”, recuerda Casas.

Niños convertidos en pasaportes. Mercancía barata. Porque al ser padre o madre y llegar con un menor se reducen las posibilidades de deportación.

“Después de muchos años de diplomacia humanitaria hemos conseguido que se les registre en una base policial, lo que mejora la situación”, admite Rosa Flores, “pero después no se les hace seguimiento alguno”.

En ese momento surge otro peligro: se pierde su rastro. Nadie sabe si va a la escuela o al médico, si recibe una atención mínima.

Recuerda un caso que trató Cruz Roja: una mujer siria de 64 años cruzó la frontera de Melilla con una niña de dos años. Decía que era su hija; nadie la creyó. Una vez en España le dijeron que debía someterse a una prueba de ADN para saber si la pequeña era suya. Ella se negaba. “Pero la convencimos y la niña, en efecto, no era su hija. La historia era muy diferente”, explica Rosa Flores, “era de una joven que no llegaba a los 18 años y que había sido ‘cedida’ como sirvienta a la antigua usanza por su familia. Además de usarla como una esclava, se quedaron con su bebé. Nosotros logramos hacer una reunificación familiar y ahora la niña está con su verdadera madre”.

Al preguntar a las entidades, afloran los casos desesperados. Parece que estén a la espera de que alguien les llame para tener la posibilidad de contar su lucha diaria. Rosa Casas, con una larga experiencia al frente de la Fundación Amaranta, critica también a los departamentos de Menores de las Comunidades Autónomas, a los que acusa de desentenderse del problema. “Como no son niños técnicamente desaparecidos porque nadie ha denunciado su pérdida, no se actúa”, explica.

“Las mafias terminan haciéndose cargo de los menores y usándolos para amenazar a las madres, algo que ocurre ante la pasividad de las autoridades autonómicas”, añade. En Palma de Mallorca se toparon con una situación extrema: un niño que acudía a clase a diario y se detectó que sufría malos tratos. El colegio puso una denuncia y cuando se interrogó al menor, este dijo que quienes le llevaban a la escuela y le recogían cada día no eran sus padres. La policía detuvo a su madre verdadera, quien llegó a ingresar en prisión acusada de malos tratos a su hijo, hasta que se descubrió la verdad: madre e hijo eran víctimas de trata. Aquellos supuestos padres eran en realidad sus verdugos.

De los 113 niños que Cruz Roja dice haber ‘perdido’, tres estaban bajo la protección de Fundación Amaranta. “Tres críos y tres madres”, relata Casas, que se niega a dar más detalles. “Si contamos casos concretos podemos poner en peligro a nuestras mujeres y sus hijos, incluso a nuestra organización”, explica. Porque no hablamos de personas que dan un dinero para cruzar una frontera y ya. No, “hablamos de gente que puede llegar a pagar más de 60.000 euros por llegar a España. Son deudas que se arrastran toda la vida”.

Quién sabe si un día uno de esos niños ‘desaparecidos’ vuelva a visibilizarse, a cruzar la frontera acompañado de otro adulto. Quizá también ese mismo día vuelva a ‘desaparecer’.

Lo peor, refugiada y niña

 Casi todos los países de la UE, como España en este caso, cuentan con protocolos de identificación y protección a la infancia en desamparo. Las autoridades activan mecanismos de forma automática en cuanto identifican a un menor solo. Pero no pueden ponerse en marcha en medio del caos. Y aquí es donde falla todo: “Hay agujeros en los procedimientos y por ellos se pierde a los niños, las mafias buscan esas grietas y actúan a través de ellas”, denuncia Sara Collantes, de UNICEF, quien reclama “una acción global urgente por parte de las autoridades europeas”. Según las cifras que ofrece, en 2015, por ejemplo, pidieron asilo en Alemania y Suecia 90.000 niños solos. SOLOS.

Desde enero hasta marzo de este mismo año han llegado 1.156 menores no acompañados a Grecia, lo que supone un 300% más que en el año anterior. En este mismo momento, mientras se escriben estas letras, 22.000 niños están bloqueados en Grecia, de los que el 10% no tiene a nadie. NADIE.

Hay 8.400.000 menores sirios en situación de necesidad de asistencia urgente (dentro y fuera de su país), cifra que, para que nos hagamos idea, equivale al total de los niños españoles. Y dentro del colectivo más vulnerable, las entidades coinciden en señalar a un grupo en mayor riesgo: las niñas. “Es lo peor que te puede pasar en estos momentos”, denuncia Sara Collantes, “porque no solo las mafias usan a las menores. UNICEF ha constatado un alarmante repunte de matrimonios forzosos y cada vez son más las pequeñas casadas con hombres muy mayores”.

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