Caso REACE o Redondela

La Comisaría General de Abastecimientos y Transportes (CAT) fue un organismo de la Administración Central del Estado, dependiente del Ministerio de Industria y Comercio, creado a la terminación de la guerra civil como consecuencia de las dificultades que sufría España en materia de aprovisionamientos.

Fue por ello necesario comenzar por abordar la transferencia de todas las competencias desde el ámbito municipal, en que había recaído hasta entonces, al estatal, como lo sería a partir de su creación.

Pero, en cualquier caso, y como quiera que la CAT carecía de instalaciones adecuadas, debía recurrir a depósitos alquilados a distintas empresas privadas, para el almacenamiento de muchos de los numerosos productos cuya gestión entraba dentro de sus competencias.

Por lo que al aceite se refiere, y en la zona noroeste, estos depósitos se encontraban en la zona de Guixar (Redondela), siendo REACE (Refinería del Noroeste de Aceites y Grasas, S.A.) la empresa que entre 1966 y 1972 tuvo contratado con la CAT el almacenamiento de más de 12 millones de kilos de aceite. Ni que decir tiene que ésta era la única propietaria del producto, dejando a cubierto la mercancía contra cualquier eventualidad por medio del correspondiente seguro.

REACE había sido constituida por Rodrigo Alonso Fariña – hijo de conserveros y rico propietario – en 1956, con un capital de 5 millones de pesetas, y con el fin de dedicarse al refinado, envasado y almacenaje de aceite, siendo sus socios Oswaldo Alonso Fariña, Salvador Guerrero, Eufrasio Juste y Francisco Carrión, y teniendo su sede en Outid (Redondela). Años más tarde, el fundador gozaría de enorme popularidad en la provincia, tanto por ser presidente del Real Club Celta de Vigo, como por su participación activa en la vida política de aquella.

En 1964, Alonso Fariña se había hecho ya con la mayoría de las acciones mediante la compra a terceros, incorporándose al Consejo de Administración Nicolás Franco Bahamonde (hermano mayor del generalísimo Franco) e Isidro Suárez Díaz Moris, quien gozaba también de muy buenas relaciones e influencias.

En 1968 componían el Consejo de Administración éste último, como presidente; los miembros Rodrigo Alonso Seoane, Nicolás Franco Bahamonde, Jorge Alonso de la Rosa, y el propio Rodrigo Alonso; así como el secretario de actas, Alfredo Román Pérez.

Los tiempos de mayor esplendor de la empresa alcanzaron su punto culminante en los últimos años sesenta, con pingües beneficios obtenidos al margen de los legales, tanto por la venta del aceite sustraído de los depósitos alquilados a la CAT, como por la “congelación” de sus adjudicaciones. Este ingenioso procedimiento consistía en que, tras la concesión de una determinada cantidad de aceite a REACE por parte de la CAT, con la determinación del correspondiente plazo para efectuar el pago del importe, el aceite quedaba bloqueado, siendo sólo REACE quien podía disponer de él. Ante la engañosa escusa esgrimida de esta entidad de serle retrasada la concesión de los correspondientes créditos bancarios, la CAT le otorgaba sucesivas prórrogas, hasta ser anulado el pedido, pasados unos meses.

Precisamente, entre la fecha de adjudicación y la anulación del pedido era cuando REACE especulaba con el aceite bloqueado. Tales pedidos solían coincidir siempre con los finales de campaña, cuando el precio es más alto en el mercado, y las anulaciones, por el contrario, con el más bajo. En el intermedio se vendía el aceite “congelado” y se reponía con el de la nueva campaña, comprado a bajo precio. La diferencia entre ambos costes oscilaba entre las 10 y las 12 pesetas por litro. Si esta operación hubiera sido efectuada una sola vez, podría pensarse que la CAT había sido la victima del engaño, pero quedó demostrado que era llevada a cabo campaña tras campaña.

Coincidiendo con el auge de REACE, y tras la concesión de un crédito de 40 millones de pesetas por parte del Banco de Crédito Industrial, se creó la sociedad FRIBARSA, destinada al almacenamiento de productos alimenticios congelados, cuyo principal cliente sería la CAT. Los socios mayoritarios de la nueva entidad, radicada en Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona), eran Rodrigo Alonso e Isidro Suárez, lo que les permitía intercomunicar contablemente ésta con los negocios de REACE, a pesar de no realizar entre sí operación mercantil alguna.

Hasta que en 1971 Rodrigo Alonso decidió vender REACE y FIBRARSA a Isidro Suárez, siendo éste presidente del Consejo, quien entregó en metálico por la operación 14 millones de pesetas, que fueron extraídos de los fondos de la propia empresa vendida. El resto (19 millones, según la primera declaración del vendedor) se escrituró en privado. Posteriormente, en la fase de instrucción del proceso, Alonso declaró que a esta cantidad había que añadir 28 millones que él adeudaba a REACE. Según la acusación del Ministerio Público, “tras la venta ficticia, Alonso siguió dando órdenes en el negocio.”

Todo este entramado se había destapado a partir de que, al amanecer del 25 de marzo de 1972, José María Romero González, acompañado de su abogado, se personó en el juzgado de guardia de Vigo para denunciar que en los depósitos de REACE, que debían de contener aceite de la CAT, faltaban más de 4 millones de litros, valorados en unos 170 millones de pesetas.

Con la denuncia, la maquinaria judicial se puso en funcionamiento para tratar de esclarecer los confusos hechos.

El 9 de septiembre se produjo una misteriosa muerte: el taxista de Vigo Arturo Cordobés apareció asesinado de tres balazos en las afueras de la ciudad. Diversos fueron los comentarios sobre el autor y el móvil, hasta que se supo que el taxista solía transportar en largos viajes con su vehículo a los principales encartados en el asunto del aceite (Alonso, Suárez, Romero…). Pero, la investigación no pasó de ahí…

Tres semanas más tarde se produjeron otras tres muertes misteriosas.

capturaEl 30 de septiembre de 1972, José María Romero, apareció muerto en su domicilio de Sevilla, en el que se habían instalado días antes, junto con su mujer y una de sus hijas. El juez del caso recibió días después una carta, presuntamente escrita por el finado en el que declaraba que su muerte y la de su familia había sido un suicido acordado. Siempre se sospechó que fueron asesinados.

Poco después fallecía en la prisión de Vigo, Isidro Suárez Díaz-Moris,(que fue secretario particular de Nicolás Franco Bahamonde) al parecer por una emanación de gas de la ducha de la prisión (a medianoche) y un golpe posterior producido en la caída. Tampoco la versión oficial satisfizo a la opinión pública, pero el caso se cerraba de esta forma.

Quince días más tarde, el asesinato del presidente de la Unión de Fabricantes de Conservas de Galicia, Antonio Alfajeme del Busto, aunque el proceso dejó sentado que se trataba de un crimen pasional. Pese a todo, las especulaciones sobre la relación que el señor Alfajeme podía tener con el turbio asunto de Reace continuaron, implicándose también con la muerte del taxista.

 

Fue entonces cuando una importante personalidad política de las derechas de la Segunda República, el abogado Gil Robles, decidió defender al “probo funcionario” García Canals, corriendo con todos los gastos, por lo que tuvo acceso a la documentación del procedimiento.

captura

Tras las muertes habidas y el indulto que benefició a Moreno Teijeiro, sólo fueron tres los ocupantes del banquillo la mañana del 21 de octubre de 1974 en que se inició la vista en la Audiencia de Pontevedra: el fundador de REACE, Rodrigo Alonso; el contable y secretario de actas, Alfredo Román; y el funcionario de la CAT, Ángel García Canals.

La sala estaba totalmente abarrotada de público y medios de comunicación, pues no en balde se sabía implicado Nicolás Franco Bahamonde, en aquellas fechas oportunamente nombrado embajador de España en Portugal, para alejarle del centro de la atención mediática.

Nicolás Franco apenas fue molestado durante las cuatro jornadas de juicio. Los intentos del abogado José María Gil-Robles, (viejo conocido del Caudillo), resultaron inútiles. Cada vez que trataba de llevar a declarar al hermano de Franco, el presidente del Tribunal cortaba de cuajo cualquier alusión a su nombre, cualquier referencia a tan ilustre apellido”, escribe Sánchez Soler.

Nicolás Franco recurrió a una “treta” tan “grotesca” como clásica para no comparecer en los juzgados: hacerse el enfermo/amnésico. Gil-Roblés llegó a mostrar al tribunal una foto del ‘Hola’ de esa semana en la que aparecía el amnésico… de parranda y en aparente plenitud de facultades.

“Afortunadamente -dijo el letrado-, según prueba documental que adjuntamos, la recuperación de don Nicolás Franco ha sido rápida y ya hace vida ordinaria en el orden social. Si, por nuestra condición de cristianos, la noticia nos llena de gozo, nuestra condición de juristas nos obliga a insistir en su presencia aquí”, alegó un sarcástico Gil-Robles… en vano.

El Presidente del Tribunal era Mariano Rajoy Sobredo. El listado de implicados llega a ministros y ex-ministros del régimen y a otras “personalidades” con  tratos preferentes en Ministerios, adjudicaciones gubernamentales, y  similares. 5.000 Folios de sumario que quedaron depositados en la Audiencia Provincial de Pontevedra y que.. hoy  ¡se han perdido!  ¿La razón? Hubo obras, reformas, faltaba espacio, estaba cerrado el tema. en fin, sólo para amantes de las investigaciones sin final feliz y puzzles de 3.000 piezas.

¿Fue Mariano Rajoy un lumbrera o simplemente un beneficiario directo del caso “redondela”?

En @eccultura: La corrupción compulsiva del clan Franco

 

43043865_19757305“El caso REACE”, libro en el que el director de cine y periodista Pedro Costa Mustése basaría para hacer el film “Redondela”, en 1986.

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Dirección: Pedro Costa

Reparto: Patrick Newell, Carlos Velat, Fernando Guillén, Elena Mª Tejeiro, Aitana Sánchez-Gijón, Carlos Larrañaga, Agustín González, Manuel de Blas, Conrado San Martín, Mary Francis y Héctor Colomé

Título en V.O.: Redondela

Nacionalidades: España Año: 1986

Duración: 115 min.

Género: Drama

Color o en B/N: Color

Guion: Pedro Costa y Manel Marinero

Fotografía: Juan Amorós

Música: Jesús Gluck

Calificación: Todos los públicos

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