#LecturasParaElWC: Ese nazismo del que no te contaron..

Se ha hablado mucho de muchos aspectos del nazismo, pero se ha olvidado su vertiente medioambiental.

Los nazis aprobaron las primeras leyes de protección de especies en peligro de extinción, experimentaron la explotación sostenible de los bosques, practicaron la agricultura biológica y crearon reservas naturales.

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– la ley de protección de los animales (la Reichs-Tierschutzgesetz de 1933)

“En el nuevo Reich no debe haber cabida para la crueldad con los animales”.

En ella, por un lado, en términos generales se  declara que los animales tienen derecho a existir per se (“se reconoce que el animal debe ser protegido en cuanto tal” ) pero además se explicita como ESPECIES PROTEGIDAS a  aquellos seres vivos que estaban en peligro de extinción, y por el otro lado, se protegen algunos ambientes privilegiados para la protección animal, como  las dunas, las marismas y las garrigas. Todos los animales son protegidos, sin hacer distingo entre animales salvajes y domésticos, ni entre superiores e inferiores, ni entre útiles o nocivos para el hombre.

La vivisección y el maltrato animal van a ser penados por ésta ley. 

– la ley de caza (Reichs-Jagdgesetz de 1934)

“el deber de un cazador digno de este nombre no consiste sólo en dar caza a la presa, sino también en mantenerla y cuidarla para que se produzca y se preserve una situación de la presa más sana, más fuerte y más diversificada en lo que a las especies se refiere”.

– la ley de protección de la naturaleza (Reichs-Naturschutzgesetz de 1935).  Restringiendo fuertemente los usos comerciales en zonas no urbanas, para preservar la naturaleza.

“Nuestra campiña nacional (heimatliche Landschaft) ha sido profundamente modificada en relación con las épocas originales, su flora ha sido alterada de múltiples maneras por la industria agrícola y forestal así como por la concentración parcelaria unilateral y el monocultivo de las coníferas. Al mismo tiempo que su hábitat natural iba reduciéndose, la fauna diversificada que vivificaba los bosques y los campos ha ido menguando.”
Para corregir este escenario lamentable, ésta ley establece las directrices destinadas a salvaguardar la flora, la fauna y los “MONUMENTOS NATURALES”, restringiendo el acceso indiscriminado de gente a las reservas naturales y regulando las modificaciones que los propietarios particulares quisieran hacer en las tierras que se declaren como  reservas o “ZONAS NATURALES PROTEGIDAS”. De este modo, el derecho de propiedad privada quedaba subordinado al deber de preservar la unidad de todos los co-participantes de un mismo habitat.
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Es curioso -pero nada casual- que este visionario cuerpo jurídico ecologista haya sido el primero de este tipo en toda la historia, y que se haya dado precisamente, bajo este régimen totalitario.

Los altos mandos del partido nacionalsocialista  alemán eran vegetarianos, ambientalistas y protectores de la naturaleza.

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Uno de los lemas del nazismo era Sangre y Tierra, sugiriendo una conexión mística entre la sangre (el pueblo alemán) y la tierra (la naturaleza).

Esta consigna explica el expansionismo nazi y su obsesión por la pureza racial. Los nazis decían que Alemania era un país excesivamente industrializado, por lo que necesitaba anexionarse tanto espacio en el este como fuese necesario para restituir la armonía entre el pueblo y la naturaleza. Los alemanes tenían derecho a vivir en comunión con su tierra, una tierra mitificada llena de montañas majestuosas, robles centenarios, ríos de agua helada y aire puro, en contraposición al judío o al eslavo, que viven hacinados en ciudades, sin respeto por el medioambiente e incapaces de tener ninguna relación auténtica con la tierra.

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Esvásticas en el bosque y el Nuevo Orden Ecológico.

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En su libro El Nuevo Orden Ecológico, el filósofo francés Luc Ferry argumenta que la preocupación nazi por el medioambiente se basa en una estética que une al pueblo alemán en un sentimiento común:

… la belleza como sentimiento y la edad de oro perdida son, esencialmente… una naturaleza original, salvaje, pura, virgen, auténtica e irracional, accesible únicamente a través de las vías del sentimiento. Esta naturaleza original se define como tal incluso por su carácter extrahumano. Es exterior al hombre y anterior a él – exterior a su razón matemática y anterior a la aparición de la cultura artificial de la que el desvarío y el orgullo humanos son los únicos responsables.”

Con esta idea pangermánica de la pertenencia a la propia tierra, la Naturaleza (asi, con mayúsculas) era ejemplo y base: la ley del más fuerte que impera en la naturaleza, y el triunfo de los más preparados y los mejores genéticamente, es básica en la ideología y la propaganda nazi.

De este modo, los dirigentes del partido nazi no tenían más deber que proteger y defender esta “naturaleza natural” que es fuente del modo de ser germánico. De ahi que la Naturaleza fuera protegida como madre amorosa y acogedora, abarcante del ser humano. Por ello en su ley de protección establecieron la figura de los “Monumentos Naturales”, como “creaciones originales de la naturaleza cuya presentación resulta de un interés público motivado por su importancia y su significación científica, histórica, patriótica…”.

LUC FERRY: “Un hecho sorprendente: aún siendo estas tres leyes las primeras del mundo que tratan de compaginar un proyecto ecológico de envergadura con el afán de una intervención política real, no se encuentra el menor rastro de ellas en la literatura actual dedicada al entorno (salvo contadas alusiones esgrimidas por los adversarios de Los Verdes, bastante vagas por basarse en referencias de segunda mano). Se trata sin embargo de una serie de textos muy elaborados, absolutamente significativos de una interpretación neoconservadora de lo que más adelante se llamará ecología profunda.”

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ORÍGEN COMÚN DEL ECOLOGISMO Y DEL NACIONALSOCIALISMO.

El nacional-ecologismo alemán se origina en la concepción holística de ERNST MORITZ ARNDT, para la cual la existencia colectiva de un pueblo se encuentra íntimamente relacionada con la respectiva existencia de las demás especies de seres vivos (tanto animales como vegetales) e inanimados (minerales y otros) con los cuales comparte determinados habitats.

ERNST MORITZ ARNDT,  “cuando uno ve a la naturaleza en una conexión necesaria y de interrelación, todas las cosas son igualmente importantes –arbustos, gusanos, plantas, piedras, humanos-, todos como una sola unidad.”

Y es esa unidad, precisamente, la que debe ser preservada políticamente.

ERNST MORITZ ARNDT formó escuela en Alemania: va a ser su discípulo WILHELM HEINRICH RIEHL quién exaltó la vida rural como condición sine qua non para la existencia nacional.

“El pueblo alemán tiene necesidad del bosque, y por eso hay que salvarlo, aún en el caso de que ya no tuviéramos necesidad de él para calentar el hombre exterior, pues siempre necesitaríamos del bosque para calentar el hombre interior. Debemos proteger el bosque, no solamente para evitar que nuestros hornos y que nuestras estufas se enfríen en invierno, sino que también para que el pulso de la vida del pueblo siga latiendo cálido, alegre y vital, de modo que así Alemania siga siendo alemana.”

Esta escuela del pensamiento ecológico alemán nutrió intelectualmente al movimiento volkisch, que fue un fenómeno de exaltación del amor por el propio pueblo y por el propio medio ambiente, y de rechazo vigoroso de todo aquello que pudiera afectar tanto a la identidad popular como a la naturaleza medioambiental.

Toda ésta corriente ecológica-volkisch va a afluir en el Siglo XX en el nacionalsocialismo hitleriano, aportándole a este una particularidad que se va a ver concretada en una serie de políticas de armonización entre, por un lado, el desarrollo económico y la infraestructura de obras públicas y, por el otro, la preservación del paisaje natural y de las formas de vida simples que se habían constituído en costumbres populares.

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“Reconocemos que separar a la humanidad de la naturaleza, de la totalidad de la vida, lleva a la humanidad a su destrucción y a la muerte de las naciones. Solo reintegrando la humanidad en la totalidad con la naturaleza puede, nuestro pueblo, ser más fuerte. Esta es la cuestión fundamental en las tareas biológicas de nuestro tiempo. La humanidad, en sí misma, ya no es el centro de atención y pensamiento, sinó la vida como un todo… Este esfuerzo hacia la conexión con la totalidad de la vida, con la naturaleza misma, con esa naturaleza en la que hemos nacido, es el más profundo significado y la verdadera esencia del pensamiento Nacional Socialista.”– Ernst Lehmann,” Biologischer Wille. Wege und Ziele biologischer Arbeit im neuen Reich, München”, 1934, pp. 10-11

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La Alemania nazi inició un fuerte movimiento antitabaco, después de que los médicos alemanes fueran los primeros en identificar la relación entre fumar y cáncer de pulmón. Este descubrimiento llevó a la primera campaña pública antitabaco de la historia moderna.

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