¿Por qué creemos ser libres si no es verdad?

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por libertad así como por la honra, se puede aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.  Miguel de Cervantes

Usted tal vez despierte cada mañana creyéndose libre, o quizá ni piensa en este concepto a la altura de la justicia y la igualdad. Se despierta y sabe que, teléfono inteligente en mano, podrá expresarse libremente en una red social. Usted puede opinar y cabe la posibilidad de que alguien le escuche.

No repara en la libertad -o la da por asumida- porque “su lenguaje impregna nuestra vida”.

La advertencia la hace Raoul Martínez, cineasta y pintor británico que acaba de presentar en España Crear libertad (editorial Paidós), un engranaje de 400 páginas que sostiene, por un lado, “que el deseo de libertad no se extingue” y, por otro, que nos han robado la sensación -incluso el sentimiento- de ser libres.

“Libre mercado, libre comercio, elecciones libres, medios libres, libre pensamiento, libertad de expresión, libre albedrío… En la barahúnda de intentos por definirla, el ideal de libertad ha sido desplazado, estirado, retorcido, desgarrado, hábilmente moldeado para adecuarse a los intereses de los que tienen el poder para darle forma”, afirma Martínez en entrevista con EL MUNDO.

Por todo lo anterior, llaman la atención -o como se dice ahora, se hicieron virales- las imágenes que acompañan estas líneas, porque muestran personas ejerciendo su libertad en escenarios donde nadie la espera. Arrebatos de valentía, actos de liberación que la filósofa clave del siglo pasado Hannah Arendt consideraba indispensables para entrar en el club de los seres humanos libres: “Marcharse de su casa, salir al mundo y conocer otras personas de palabra y obra”, decía ella entonces. Hoy, otro filósofo, el español Javier Gomá, advierte de que, ahora, “lo que hay que hacer es un uso virtuoso de la libertad, porque ésta ha llegado a su máximo y, sin embargo, se sigue violando”. “Hay, a la vez, una legitimación de los límites y un desprestigio de los mismos”, afirma.

Libertad -y se llena la boca- que, en el XXI, se vive de manera “equivocada”. Así lo considera el pensador italiano Fabrizio Andreella, especialista en analizar la contemporáneidad. “La historia oficial es que vivimos en sociedades libres y democráticas porque permiten que diferentes voces puedan expresarse y que cada quien elija su información. Pero no podemos contentarnos con esto porque esta afirmación es una verdad que contiene una ilusión; habla de una libertad formal y no sustancial”, argumenta.

Pero las contradicciones también son signo de libertad. Dice el escritor Juan Francisco Ferré, Premio Herralde 2012, que “la vida es tan paradójica que soñamos con liberarla de unas convenciones que, si desaparecieran, revelarían la imposibilidad de vivir”. A la pregunta de hasta qué punto esos convencionalismos frenan la libertad y si el ser humano es consciente de que éstos le limitan, Ferré cree que “el puro caos sería insoportable”. “No podemos soportar la libertad total ni tampoco la esclavitud total y siempre encontramos una solución parcial a ese conflicto con la norma mediante liberaciones ocasionales, la fiesta, la orgía, la juerga, el exceso…».

Coge el testigo Martínez: “La libertad se ha usado como máscara agradable de un sistema que promueve precisamente su contrario”. En uno de los cuadros de este apasionado de la libertad, una persona sin hogar encuentra en el escaparate de un negocio de moda un recoveco donde guarecerse, se envuelve en una manta verde y, aunque cabizbajo, intenta mirar al frente. A su lado, un cartel junto a un cestillo anuncia que “necesita cambio”. Esta ironía triste es la semblanza mísera del ser humano contemporáneo.

Incide este británico criado en en un entorno “de profundo amor, respeto y apoyo” -que le permitió “ejercer su libertad”- en que la unión de las palabras libre y mercado no es casual y recuerda aquel libro del economista Milton Friedman en el que se sugería que, aunque el capitalismo fuera el menos eficaz de los sistemas, siempre sería beneficioso puesto que “entrega la libertad de elegir”. “Hay que despojarse de los mitos de la libertad”, promulga Martínez como primer paso de este camino a todas luces tortuoso que supone ser libre. «Nos mantienen en un estado de falsa conciencia. Se nos ha vendido que vivimos en una sociedad libre pero hemos de preguntarnos constantemente cuánta libertad tenemos, cuáles son sus límites y por qué no tenemos más”.

¿Por qué, aparentemente, luchamos menos por la libertad o no parece estar presente en nuestra lista de prioridades? Viendo los carteles de Novecento, de Bertolucci, en las marquesinas de un cine de París, con 13 años, Ferré descubrió que “la libertad y el orgasmo van juntos en el sentido más íntimo”. “Desde entonces, mi idea de libertad no ha ido sino degenerando”, admite.

Y pasa a argumentar: “Vivimos una época en la que todo el mundo se cree libre porque así se lo han dicho los que tienen interés en que nos sometamos a la norma más conveniente, como nunca antes, de manera consciente. Somos libres como consumidores estandarizados o no, pero poco más. Como sujetos políticos, nos comportamos como en el supermercado, eligiendo entre la oferta disponible sin poder hacer nada más”.

Si damos, pues, la libertad por asumida y ésta tiene, además, bastante de irreal, ¿quién se está apropiando de ella? Para la periodista catalana Montse Batlle, experta en psicoanálisis y espiritualidad, “somos víctimas de manipulaciones feroces que, además, intentan hacernos creer que somos libres”. Batlle acaba de publicar En busca de la libertad, desde la voluntad secuestrada (editorial Kairos), un volumen de conversaciones con sabios de altura como la catedrática Victoria Cirlot, el monje y antropólogo Lluís Duch y el poeta Josep Tarrés.

“Apostar por la libertad exige siempre un salto al vacío. Luchamos poco por ella porque creemos que ya somos libres, con un móvil, con internet, corriendo con unos auriculares o tomando decisiones creyendo que nada nos condiciona cuando, habitualmente, todas nuestras respuestas siguen unos patrones a los que somos ciegos y sordos”, apunta en conversación con EL MUNDO por correo electrónico. Si Montse se encontrara con Martínez en el mismo salón, éste le espetaría que “lo que nos hace libres no es la capacidad de elegir sino la capacidad de convertir nuestras decisiones en la expresión nuestros propios valores”.

A medida que se avanza en el camino hacia a la libertad todo se complica. “¿Qué es lo que valoramos realmente? ¿Vamos a aceptar los valores heredados? Acabaríamos llevando vidas infelices porque se nos enseña que el camino a la felicidad es la riqueza y el poder. Ponemos mucho valor en esos objetivos y, a menudo, actuamos en contra de nuestros propios intereses. Lo primero que tenemos que hacer es cuestionarnos profundamente nuestras creencias y valores”.

Y usted, que está leyendo, dirá: Bueno, ¿y qué más? Ahí va: Asumir que, “en cada sociedad, la gente está moldeada para satisfacer las necesidades de los que tienen el poder”, y que “para crear una sociedad más libre y descentralizar ese poder hemos de ser honestos sobre nuestras limitaciones y cuestionar las fuerzas que nos han moldeado porque, si nos las creemos sin cuestionar nos convertimos en agentes de esas mismas fuerzas”.

La lotería del nacimiento

Este viaje interminable hacia la libertad ha de comenzar, además, por un concepto que Martínez comenzó a tejer también a los 13 años, como Ferré, volviendo a casa de la escuela con un compañero de clase: “La lotería del nacimiento”. “Debatíamos sobre religión, él era religioso y yo no. De repente, me surgió el experimento: Imagínate que te cambian al nacer por otro bebé, de una familia con otra fe, ahora estarías defendiendo esa fe con la misma fuerza”.

La potente idea que subyace en esta afirmación en apariencia inocente es que “nuestra identidad se remonta a los genes, al entorno y a la interacción entre ambas”. “Todos podemos tomar decisiones, todos podemos elegir”, concluye Martínez, “pero lo haremos con un cerebro que no hemos elegido y en circunstancias que no hemos creado”. Esta reflexión, aplicada no al interior sino al exterior, permitiría, dice este artista y autor, “un mundo sin culpa”.

“Es incómodo al principio pero cuando nos damos cuenta de que todo acto propio es arbitrario nos volvemos compasivos con el ser humano. Si vamos a culpar a alguien habrá que fijarse antes en sus causas sistémicas. Así, en lugar de echar la culpa al individuo, miramos las condiciones culturales, sociales y económicas que lo generaron”, culmina. ¿Quién representa hoy, entonces, al individuo libre?

“Tradicionalmente, ha sido el artista” el considerado más libre dentro de las sociedades, expone el escritor barcelonés Eloy Fdez. Porta. “Ampliamos nuestra libertad cuando transformamos la capacidad de elegir en capacidad para crear”, dice Martínez en su ensayo. Pero las cosas han cambiado. “Hoy el hombre considerado libre es el emprendedor, sea su propio jefe, como decía el anuncio publicitario. Ésta es la ilusión emancipatoria del capitalismo financiero”, subraya Fdez Porta.

“Desde esta idea, la libertad no consiste en dejar de recibir órdenes sino en explotarse a uno mismo con más severidad de la que podría ejercer el dueño de una corporación, algo que el emprendedor comparte con el autónomo”, amplía.

Ferré pone de ejemplo a “los youtubers, que creen ser los más libres del momento y, sin embargo, son esclavos de la tecnología”. “Los escritores somos prisioneros del lenguaje pero no todo el mundo siente que la libertad es sinónimo de creatividad. Si examinamos los productos culturales veremos cómo los mismos hábitos serviles se venden enmascarados de consumo libre…”.

El aventurero también ha dejado de ser lo que era. Dice Fabrizio Andreella que “hoy salir de lo conocido no se consigue visitando lugares ignotos porque Mastercard, Coca-cola y TripAdvisor no dejan de pintar el mundo con los colores de nuestro hogar”. “Pero se puede vivir la aventura en casa, dejando que sea el mundo el que te visite, dejando que los inmigrantes te cuenten sus sueños mientras comen contigo habrás dado más vueltas más que siendo mochilero. Aventura es acercarse a lugares olvidados, hospitales psiquiátricos o asilos, guetos que ya son tierras extranjeras. O haces esto o te adentras en la oscuridad luminosa de la interioridad”.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/12/14/58502066468aeb23288b4681.html

Poema Libertad de Damaso Alonso

Qué hermosa eres, libertad. No hay nada
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.

¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?
Venid: amordazad mi pensamiento.
Grito no es vibración de ondas al viento:
grito es conciencia de hombre sublevada.

Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo
te vio lucir, ante el primer abismo
sobre su pecho, solitaria estrella.

Una chispita del volcán ardiente
tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,
libre llama de Dios, libertad bella

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