En La Memoria : Cristina Bergua

No es verdad que el tiempo amaine la pena. Con el tiempo, la ausencia se sufre de otra manera. PERO SIGUE EL DOLOR. Se cumplen dos décadas de la desaparición de la joven de Cornellà, un caso no cerrado.

Luisa y Juan Manuel llevan varios miles de noches sin poder dormir tres horas seguidas. «Me toca vivir así», dice con estoicismo y un apagado hilo de voz Juan Manuel Bergua, dos décadas después de la desaparición sin causa aparente en Cornellà de Llobregat, en las afueras de Barcelona, de su hija Cristina.

«Llevo 20 años y estoy como el primer día, sin saber qué pasó, porque en este tiempo nunca ha habido ninguna novedad».

Esta historia arranca la noche del 9 de marzo de 1997 y, desde entonces, el hombre lleva pegadas más de 300.000 fotografías de su hija por toda España. «En casos como el nuestro, lo más importante es buscarlos porque LA TIERRA NO SE TRAGA A LOS DESAPARECIDOS, reclama. En la cabeza de Luisa y Juan Manuel, una pregunta se repite con insistencia desde hace más de 7.300 días. «¿Qué pudo haber pasado? Llegamos a pensar en qué podíamos haber fallado. Pero nunca ha habido respuestas. Ni pruebas. Ni indicios».

Pasados 20 años, el caso sigue abierto pero cualquier responsabilidad penal de los autores de la desaparición habrá prescrito.(Sin embargo, si a partir del cuerpo, se prueba un proceso de secuestro con el homicidio posterior, dependiendo de la evolución de los hechos, se podría castigar penalmente al presunto autor de los hechos.)

La incertidumbre sobre Cristina, dice el padre, es «mucho peor» que la muerte. «Porque no sabemos qué pasó, ni podemos enterrarla ni hacer un duelo. Es una agonía que te va matando lentamente: el no saber es un sin vivir, el cerebro no descansa nunca. Y así llevamos 20 años».

Aquella fatídica tarde de marzo, la joven, de 16 años, había quedado con su novio. Ella se disponía a romper la relación, según le había dicho a algunas de sus amigas. Javier Román defendió que la acompañó a pie hasta el domicilio de sus padres pero ella nunca llegó a casa. Pasados cinco minutos de las 22 horas, hora límite para la vuelta de la adolescente al hogar familiar, Juan Manuel se fue a la comisaría a denunciar su desaparición. Horas después, los progenitores y el hijo mayor empapelaron Cornellà de Llobregat y sus alrededores con carteles en los que se reproducía la imagen de Cristina.

Después llegaron las llamadas de socorro a los medios de comunicación, al Gobierno y a cualquier herramienta a su alcance.

Muchos vecinos se unieron a las manifestaciones organizadas para encontrar a la joven, pero Román nunca estuvo entre ellos. Aunque el novio de Cristina era el principal sospechoso, jamás hubo ningún elemento de imputación contra él.

Transcurridola vanguardia un año, la juez instructora, Maria Sanahuja, siguió una pista anónima que aseguraba que el cadáver de Cristina podría haber sido arrojado a un contenedor de basura. Pasados varios meses, la juez decidió buscarla entre las 25 toneladas de residuos del vertedero de Garraf. El lugar se convirtió en la esperanza de los Bergua.

«Fueron 60 días de búsqueda. Apenas ocho agentes de Policía. El ejército denegó ayuda por no tener preparación ni materiales para subir al vertedero. Y el Parlament paró finalmente los trabajos tras afirmar que eran demasiado caros», lamenta el hombre.

Alguien había filtrado a la prensa, vulnerando el secreto de actuación, que la búsqueda en el vertedero tenía un elevado coste. El precio resultó ser de 50 millones de pesetas (300.000 euros).

«Sigo sin entender por qué a alguien le podía interesar que se detuviera la búsqueda».

El hombre no puede esconder el sabor agridulce que le produjo el contraste entre la búsqueda de su hija en el vertedero por parte de ocho policías voluntarios y la de la sevillana Marta del Castillo en marzo de 2009 en el río Guadalquivir con 240 efectivos. «El número de agentes era 30 veces superior. En Sevilla, sólo 24 horas después, se fueron del río a un vertedero. En ese caso, la respuesta fue perfecta, divina. Eso prueba que hemos avanzado. Ojalá la hubieran encontrado».

Luisa Vera y Juan Manuel Bergua han contribuido a la obtención de logros inexistentes hace unos años. «Ya no hace falta esperar 24 o 48 horas para denunciar la desaparición de alguien. La familia tiene derecho a saber qué le ha ocurrido a un familiar mayor de edad que se va sin una razón justificada y deja todas sus cosas en su habitación: un claro síntoma de que algo malo le ha ocurrido», señala Juan Manuel.

El matrimonio decidió crear la primera asociación de familiares de personas desaparecidas. Inter-SOS fue pionera en la lucha de familiares en España. «Trabajamos duro. Empezamos a salir en medios de comunicación y muchas personas se nos unieron. Llegamos a imprimir miles de carteles para distribuirlos en comisarías y ayuntamientos de toda España. Llegábamos a todas partes. Y, además, hicimos jornadas técnicas de desaparecidos: con dinero procedente de ayuntamientos, invitábamos a criminólogos, policías y políticos». Lograron que el 9 de marzo sea el día mundial de los desparecidos sin causa aparente. Y la presión de la entidad, sumada a la de otras similares que aparecieron, se tradujo en la aprobación por parte del Estado de algunas de las reclamaciones históricas de los familiares de personas desaparecidas, como la creación en 2008 de una unidad específica en los Mossos d’Esquadra, la aplicación de un protocolo de actuación o la entrada en funcionamiento de una base de datos compartida entre todos los datos de seguridad. «El Gobierno hacía siempre oídos sordos. Ni Jaime Mayor Oreja, ni Mariano Rajoy, ni Ángel Acebes quisieron recibirme cuando eran ministros de Interior. Ahora empieza a escucharnos. El cambio ha sido como pasar de la noche al día».

 

Uno de los 14.000 misterios a los que cada año familiares, amigos, policías, jueces y detectives buscan respuesta.

Niños, adolescentes, adultos y ancianos que se esfumaron y cuya ausencia mortifica a sus allegados.

Mentes torturadas a las que, demasiado a menudo, la prensa sonrojantemente amarillenta contribuye a hacer enloquecer.

Por la paz de los vivos vía @elperiodico

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