Machismo/Hembrismo VS Feminismo

Se supone que vivimos en una sociedad civilizada donde todo el mundo se respeta, pero hay ciertas ideologías que atentan contra la persona por su condición física, el color de su piel, su condición sexual o incluso el sexo. Por esto es muy importante que se sepan las diferencias entre machismofeminismo y hembrismo. Los términos “feminismo” y “hembrismo”, por ejemplo, son dos etiquetas que a menudo se confunden, como si fuesen sinónimos. A diferencia de lo que mucha gente cree, el feminismo es la postura que busca la igualdad entre hombres y mujeres.

Fundéu aclaró: feminismo no es un antónimo de machismo vía @elespectador

Esta confusión es fácilmente entendible por el parecido de la palabra con el término “femenino”. El hembrismo sí es lo que muchas personas suponen que es el feminismo. Se trata de la actitud que desprecia a los hombres.

En el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, la palabra feminismo posee la siguiente acepción:

“Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”.

Como puede observarse, son tres los elementos que determinan su significación. En primer lugar, se trata de un movimiento, lo cual alude a un proceso en desarrollo: estamos ante una iniciativa que, lejos de haber sido alcanzada, representa una aspiración en marcha. El segundo elemento es el referente de equiparación: el hombre como paradigma, el sujeto que goza de la posición ideal que se pretende alcanzar. El tercer y último elemento es el punto sobre el que se concreta la aspiración: la igualdad de derechos.

Mientras que el movimiento feminista es inclusivo, es decir, incluye tanto a hombres como a mujeres, el movimiento hembrista excluye de sus reivindicaciones a los hombres, llevando a cabo una discriminación con la que supuestamente pretenden acabar.

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El machismo es una expresión derivada de la palabra macho, definido como aquella actitud o manera de pensar de quien sostiene que el varón es por naturaleza superior a la mujer. El machismo es una ideología que engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a promover la negación de la mujer como sujeto indiferentemente de la cultura, tradición, folclore o contexto. WikiPedia

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¿Qué es el hembrismo y en qué se diferencia del feminismo? 


El feminismo es un conjunto de movimientos sociales cuyos objetivos se fundamentan en la visibilización y el empoderamiento de las mujeres y el cuestionamiento de los roles de género en los cuales se considera que lo femenino queda eclipsado por lo masculino. Por consiguiente, el feminismo es un fenómeno social vinculado a un contexto histórico determinado, y se va transformando a lo largo de los años a medida que avanza la historia. Se centra en reivindicaciones relacionadas tanto con la legislación como con las costumbres y hábiutos de una sociedad que aún arrastra dejes machistas debido a los siglos de dominio sobre la mujer.

En teoría, el hembrismo es un neologismo que se utiliza para referirse a una actitud que legitima el menosprecio y los ataques hacia los hombres por el hecho de serlo.

Suele ser equiparado al concepto de misandria, que significa “odio hacia los hombres”, si bien este último término tiene más que ver con una actitud que puede exteriorizarse de un modo más directo o no, mientras que lo primero es algo observable. Por consiguiente, la idea de hembrismo tiene que ver con el sexismo.

Las diferencias entre feminismo y hembrismo

Tal y como hemos visto, el feminismo es, fundamentalmente, un producto de la historia, y su razón de ser tiene que ver con una desigualdad que históricamente ha perjudicado a las mujeres. Eso significa que el feminismo no es simplemente la propensión de una persona a pensar y a actuar de una manera determinada.

El feminismo no es algo que se encuentre en los individuos, sino en los conjuntos de personas; tiene que ver con un fenómeno colectivo: los movimientos sociales que dan forma al feminismo. Existe como respuesta a un elemento que tampoco puede ser definido como individual, sino que es concebido como algo sistémico: el patriarcado.

El hembrismo, en cambio, sí sería una actitud individual, porque no se deriva de un sistema cultural o legal de desigualdad en el que las personas que han tenido más poder hayan sido históricamente las mujeres.

De algún modo, el hembrismo es más un fenómeno psicológico que social, mientras que con el feminismo pasa lo contrario. Esto, sin embargo, es verdad a medias, porque todo lo social repercute sobre lo psicológico y viceversa. Sin embargo, esta distinción entre estas dos esferas (la social y la individual) sirve para entenderlas mejor, ya que a la práctica coexisten y dependen la una de la otra.

 
Producto de la historia vs sesgo psicológico

Al feminismo se le puede poner una fecha de nacimiento, que normalmente coincide con la época de la Ilustración, porque es un movimiento social e intelectual. Eso significa que la idea de que puedan existir personas feministas, por ejemplo, en la Antigua Grecia, es técnicamente incorrecta.

El hembrismo, en cambio, teóricamente puede ser encontrado en cualquier momento pasado, porque solo depende de que haya una persona que, por una u otra razón, rechace u odie a los hombres. Su existencia no depende de una dinámica de eventos que han ido generando un efecto en cadena a lo largo de la historia, sino que aparece de un modo más espontáneo.

Rechazo unilateral vs integración
El feminismo no propone medidas para restar bienestar y poder de manera indefinida a los hombres por el simple hecho de serlo, algo que sí hace el machismo mediante justificaciones basadas en “el orden natural de las cosas”, la tradición, etc. Incluso las medidas de discriminación positiva que defiende una parte del feminismo son concebidas como un arreglo provisional, para permitir, por ejemplo, que las mujeres puedan acceder a los puestos de dirección en iguales condiciones que los hombres.
El hembrismo, en cambio, sí sería el odio hacia los hombres por el simple hecho de serlo, es decir, de forma indefinida e independientemente del contexto. Es, por consiguiente, un sesgo esencialista, porque no depende de lo que haga una persona ni de las condiciones en las que se relacione con las demás, sino que es su condición de hombre lo que produce rechazo a causa del sexismo.
Las polémicas alrededor de la idea de hembrismo
El mismo uso de la palabra “hembrismo” ha sido muy criticada, ya que se entiende que es una palabra nacida para perjudicar al movimiento social. De algún modo, se asume que su utilización solo puede tener consecuencias negativas para los movimientos igualitarios y positivas para las posturas conservadoras y tradicionalistas.
Sin embargo, esto no tiene por qué ser así y, de hecho, el miedo que desde algunos círculos feministas se muestra ante la posibilidad de a abordar el significado de la palabra hembrismo puede hacer que este se identifique con el feminismo al ser considerado un tabú, algo de lo que no se habla y que se invisibiliza porque efectivamente ataca los fundamentos del movimiento.
Por ejemplo, la posición de asumir el hembrismo como tabú llega a absurdos como el de considerar que “el hembrismo no existe”, algo que evidentemente es falso.

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Hembrismo, una versión del machismo 
El hembrismo no se parece en nada al feminismo, pues este último está representado por un sistema de principios que procuran la implantación de la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida humana; mientras que el primer concepto (hembrismo) significa una visión de barbarie, e inclusive violencia, en cuanto a las relaciones de poder en la sociedad, donde las mujeres imponen un régimen de supremacía y dominación sobre los hombres, tal como muchos de ellos lo han hecho en las sociedades patriarcales.
Aunque en la historia, el hembrismo sea cuantitativamente inferior al machismo (y nadie duda que ancestralmente el machismo ha sido un gran flagelo para la humanidad), no deja ser pertinente denunciar los efectos nocivos que estas sectas radicales del hembrismo (cada vez más numerosas) causan en la vida social, ya que precisamente sus desviaciones atentan contra el prestigio de la mujer moderna (solidaria, fraternal, justa y democrática) que en el siglo XXI es admirable protagonista en los escenarios de la educación, la ciencia, la política y el trabajo.
Por lo tanto el hembrismo no identifica a una mujer futurista que ha superado la antigua sumisión de sus ancestras frente a la dictadura patriarcal, por el contrario ejemplifica un pensamiento rudimentario y salvaje inspirado en la violencia injustificada y el no reconocimiento a la dignidad de las personas, vale decir, base esencial de la convivencia humana.
En efecto, lo más lamentable del hembrismo es su carácter de doctrina inculcada a través de generaciones de féminas que transfieren unas a otras una serie de inconvenientes prejuicios y resentimientos contra los hombres, vale decir, un rencor que supone la guerra contra “los machos”, como si la mala experiencia en convivencia, con uno o varios de ellos, fuera elemento suficiente para calificar negativamente a toda la población de hombres, es decir, como si un individuo representara la totalidad.
Es así que frecuentemente, la madre, la hermana, la pariente o la amiga cercana (que han experimentado el divorcio, la separación, la maternidad en soltería, la violencia en el hogar, años de matrimonio disfuncional y conflictivo, o simplemente el maltrato por el hombre en cualquier otra situación) se convierten en hembristas veteranas (profesoras) al adoctrinar a las mujeres más jóvenes (incautas) en el prejuicio contra los varones, basándose en un traslado de infelices experiencias propias que violan el razonamiento lógico, pues en efecto, cada persona vive circunstancias propias de modo, tiempo y lugar que hacen absurda la imitación de conductas ajenas como supuesta solución a problemas personales.
Sin embargo, el hembrismo, familiarmente promovido, conlleva a la mujer joven (aprendiz) a emprender una confrontación por el poder contra el hombre, la cual, en la mayoría de las veces, no es deseada ni correspondida por su compañero, generándose así, la inevitable pérdida de afectos, episodios de incomprensión y ruptura de vínculos, evidentemente motivados por ese enfermizo hembrismo que fue inyectado a la pareja por inescrupulosos agentes externos (terceras personas).
A la discípula hembrista se le educa para el egocentrismo (actitud que pareciera enorgullecer a sus maestras y ancestras hembristas) y se le incita a imitar las conductas más repudiables del machismo tradicional, tales como un comportamiento imponente y dominante, así como una superioridad (siempre acompañada del alarde frente a la sociedad) en las relaciones de poder frente a los hombres, que incluyen el trabajo, el estudio, la pareja, la capacidad económica, la política, la sociabilización, la reputación y por supuesto la sexualidad.
El pensamiento hembrista, aparentemente fundado en un afán de revancha contra siglos de patriarcado y sometimiento machista, anula las posibilidades de construir una nueva sociedad que supere las viejas injusticias, es decir, un sistema basado en la igualdad real entre mujeres y hombres.
Por el contrario, el hembrismo fomenta la destrucción de las relaciones sociales en armonía y se orienta en un delirio prepotente (ideado por culturas primitivas y atrasadas) de instaurar un modelo de opresión sobre las personas que va contra la propia naturaleza humana y las reglas de una sociedad democrática, fraternal y respetuosa de la igual dignidad de sus integrantes, tal como lo plantea el movimiento feminista mundial, del cual, millones de mujeres y hombres formamos parte activamente.

 

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