Marihuana medicinal, lo que la ciencia sabe

La marihuana medicinal se utiliza para aliviar los síntomas, graves o crónicos, de diversas enfermedades. Contiene distintos compuestos activos, pero son especialmente dos los que más se han estudiado hasta la fecha: el CBD (cannabidiol) y el THC (tetrahidrocannabinol).



La marihuana es una planta del género Cannabis sativa. Tiene la singularidad de producir cannabinoides, unas sustancias similares a las producidas por el propio organismo. Desgraciadamente, su catalogación como psicotrópico dificulta enormemente las investigaciones. Sin embargo, se sabe que mejora considerablemente la calidad de vida en personas que sufren enfermedades crónicas.

Historia de la marihuana

El cannabis procede de Asia central y es en el periodo Neolítico (7000 a.C.-3000 a.C.), cuando se comienzan a utilizar herramientas de piedra pulida y aparece la agricultura, cuando esta planta empieza a cultivarse.
En la antigüedad se ha utilizado como alimento, para cultos religiosos y para alcanzar estados místicos por medio de la inhalación.

Hay constancia que distintos pueblos del pasado han hecho uso del cannabis. Lo encontramos en tratados médicos chinos del siglo I, y lo han utilizado asirios, griegos, egipcios, romanos y cartagineses.

Es a partir del siglo V cuando esta planta empieza a encontrarse con detractores que pretenden su prohibición. El cristianismo comienza a perseguir toda sustancia que altere la consciencia, ya que la relaciona con el diablo y sus adoradores. En 1484 el Papa Inocencio VIII redacta una bula papal donde se prohíbe formalmente el cannabis.

A partir de ese momento se utiliza para la construcción de barcos, para elaborar prendas de vestir y en la composición de algunos medicamentos.

A mediados del siglo XIX el cannabis vuelve a formar parte de la farmacopea, hasta que a finales del mismo siglo con la aparición de los barbitúricos y la aspirina, comienza una campaña de demonización de esta planta, a la que se culpabiliza de todos los males posibles y se asegura que los jóvenes que la prueban se convierten en asesinos, violadores o acaban ejerciendo la prostitución. La prohibición a nivel mundial llega en 1961.

Pero la potencia y la importancia del cannabis, ha hecho imposible su desaparición. Tan transcendental es, que las personas, y todos los mamíferos, poseemos un sistema en nuestro cuerpo denominado sistema endocannabinoide, que es activado por estas sustancias, al mismo tiempo que también las produce de un modo natural.

El sistema endocannabinode del organismo

Los cannabinoides actúan como una llave que activa el sistema endocannabionoide del cuerpo. Actualmente, los receptores más estudiados son el CB1 y el CB2. El primero se encuentra en el sistema nervioso central (SNC) y el segundo en el sistema inmunológico.

El sistema endocannabinoide regula distintas funciones del organismo, como la inflamación, el sueño, el apetito, el control del dolor, etc., y se ocupa de mantener el equilibrio de los sistemas internos del cuerpo.

El CBD y el THC

Los estudios llevados a cabo hasta este momento, reflejan que los cannabinoides son efectivos a la hora de aliviar el dolor. El CBD y el THC, trabajan juntos para disminuir el dolor cuando también cursa con inflamación.
Se ha comprobado que estos compuestos dan mejores resultados con el dolor crónico, que con el dolor agudo. Y funcionan bien en distintas enfermedades, desde cáncer y migrañas, hasta artritis y fibromialgia.

El THC es el responsable del efecto estimulante de la planta, pero también posee propiedades antiinflamatorias, analgésicas y antieméticas (evita el vómito).
El CBD, además de disminuir el efecto euforizante del THC, es antipsicótico, antiespasmódico, ansiolítico y analgésico.

Cannabinoides y cáncer

Diferentes estudios atestiguan que los cannabinoides, especialmente el THC, disminuyen el crecimiento de las células cancerosas, propiciando la apoptosis (muerte celular), la angiogénesis (la disminución de nuevos vasos sanguíneos que alimenten el tumor) y reducen la metástasis. Sin embargo, hay que aclarar que se necesita mucha más investigación que profundice en los beneficios que pueden aportar estos compuestos.
También se conoce su efectividad para tratar los efectos secundarios de la quimioterapia, como las náuseas, los vómitos y la falta de apetito.

Cannabinoides y enfermedades neurológicas

Se está investigando el efecto de estos compuestos en las dolencias neurológicas, como el párkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), el alzhéimer y la esclerosis múltiple. Lo que se pretende averiguar es hasta qué punto los cannabinoides protegen a las neuronas, impidiendo su degeneración.

Enfermedades que se pueden tratar con cannabinoides

Además de las citadas anteriormente, los cannabinoides también son efectivos para tratar otras dolencias. Veamos algunas:

Se ha comprobado que el CBD es un gran anticonvulsionante, eficaz para tratar los ataques epilépticos. Se ha probado este efecto beneficioso sobre todo en niños con el síndrome de Dravet, de West o de Lenox-Gastaut. Estos tipos de epilepsia producen ataques de más duración, con el consiguiente peligro de que causen daños cerebrales irreversibles. En ocasiones, ha sido el único tratamiento al que han reaccionado los pacientes.

En las enfermedades inflamatorias del intestino, también los cannabinoides se presentan como un remedio importante para reducir la inflamación y mejorar la calidad de vida de las personas.

En el año 2016, la revista Current Neuropharmacology publica un estudio en el que se asegura que los cannabinoides son eficaces para tratar la angustia, la ansiedad y los ataques de pánico.
Los dolores que provocan enfermedades como el reuma o la artritis, también se ven reducidos por los cannabinoides, que también actúan sobre la inflamación que provocan algunas de las dolencias reumáticas.

El CBD en el síndrome de Dravet

El síndrome de Dravet es un tipo de epilepsia que cursa con crisis epilépticas repetidas y prolongadas, así como problemas de movilidad, en el habla, el aprendizaje, etc.
Al nombrar esta enfermedad es inevitable no asociarla a la pequeña Charlotte Figi, nacida en octubre de 2006 en Colorado Springs (EEUU). Con tan solo tres meses de edad comenzó a sufrir convulsiones, sus padres desesperados recorrieron multitud de médicos que le realizaron cientos de pruebas, hasta que uno de ellos le diagnóstico el síndrome de Dravet. La medicación no parecía hacerle efecto y la niña empeoraba cada día, sufriendo ataques que en ocasiones se podían prolongar hasta treinta minutos. A los dos años, la niña no hablaba, no podía comer y tampoco andaba. Su calidad de vida era muy mala.

Sus padres descubrieron casualmente el caso de un niño con la misma enfermedad, que había mejorado muchísimo tomando aceite de cannabis y decidieron probarlo in extremis. El resultado fue asombroso, las crisis comenzaron a remitir espectacularmente y Charlotte recupero su vida.

Este hecho se extendió por todo el país y muchas personas con el mismo problema mostraron interés y quisieron saber más, algo que fue cambiando la percepción que la gente tenía del cannabis, al descubrir que también posee propiedades medicinales.
Este año 2020 Charlotte hubiese cumplido catorce años, pero no pudo ser. Falleció en abril, fue una víctima más del coronavirus Covid-19. Su madre escribía en sus redes sociales: “Charlotte ya no sufre. Ella está libre de convulsiones para siempre”.

Cannabinoides e investigación

Se necesita mucha más investigación y para eso es necesario que se legalice la marihuana medicinal. Como dice Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular: “Yo estoy a favor de la regulación medicinal del cannabis. Creo que el usuario medicinal es distinto al recreativo, porque lo utiliza por necesidad y eso implica que es por dignidad, para tener una mejor calidad de vida”.

Leído AQUÍ.

👉 La ONU reclasifica el cannabis, ya no está en la misma lista de la heroína, aunque su uso no médico sigue ilegalizado | Noticias ONU

Cannabis, una planta entre el bien y el mal

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