EL EJÉRCITO PERDIDO DE CAMBISES

La historia de un inmenso ejército al que se tragó el desierto, literalmente… O así lo afirmaba el historiador griego Herodoto.

Estamos en el año 524 A.C. y Egipto se halla bajo la dominación del imperio persa. En esa fecha, el Rey Persa Cambises tiene noticia de que un ejército egipcio rebelde, los Amonios (o Adoradores de Amón) anda congregándose en el oasis de Dachla y envía hacia allí a un numeroso ejército de 50.000 hombres para aplastar la revuelta.


Se sabe que esas tropas partieron de Tebas, marcharon durante siete días hasta alcanzar el oasis de El se-Kharga donde hicieron un alto para reponer fuerzas. Retomaron la marcha por el desierto rumbo a Dachla pero jamás llegaron a su destino. Desaparecieron sin dejar rastro.

Herodoto contaría 75 años más tarde que una gigantesca montaña de arena les engulló. Así que el líder de los rebeldes, Petubastis III, conquistó gran parte del territorio egipcio llegando a coronarse Faraón. Por poco tiempo, ya que dos años más tarde, el Rey persa Dario (sucesor de Cambises) sofocó la revuelta con un gran baño de sangre.

Desde el siglo XIX miles de arqueólogos y saqueadores buscaron incesantemente bajo las arenas al “ejército perdido de Cambises”. Sin éxito.

Hasta noviembre de 2009, cuando un equipo italiano, encabezado por Angelo y Alfredo Castiglioni, aseguró haber descubierto los restos de aquellas tropas al hallar numerosos huesos humanos y restos de armas y cerámica. Según este equipo, los soldados persas se desviaron de la ruta prevista para sorprender a los amonios y fueron ellos los que fueron sorprendidos por una inmensa tormenta de arena, terminaron perdiendo el rumbo y muriendo de sed desperdigados.

No obstante, Zahi Hawas, jefe del departamento de arqueología egipcia, cuestionó la profesionalidad del equipo italiano y calificó esos hallazgos de “engañosos”. Según Hawas los restos corresponderían a una caravana de 2000 personas desaparecidas por completo en 1805 y a las victimas de la represión italiana sobre los senoussi en los años 30.

La polémica estaba servida.

En junio de 2014, Olaf Kaper, arqueólogo de la Universidad de Leiden, aseguró haber resuelto el misterio. Por casualidad. Y es que Kaper se encontraba excavando otro asunto en Dachla y consiguió descifrar unas inscripciones que había en dos columnas del viejo templo de Amón allí ubicado. En ellas se referían a Petubastis III como “Vencedor de los Persas”. Así, para el equipo de Leiden, al ejército de Cambises no se lo tragó el desierto, sino la política: Dario I recurrió a las arenas devoradoras de hombres para ocultar que en realidad las invencibles tropas persas habían sido emboscadas y masacradas por los Amonios. Herodoto se limitaría a recoger la versión oficial del régimen persa 75 años después.



Y las arenas del Tiempo hicieron el resto…

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